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Ámsterdam inaugura Art Zoo, museo de animales disecados y arte

La propuesta de los artistas Jaap Sinke y Ferry van Tongeren reúne taxidermia, huesos y curiosidades en una casa del siglo XVII donde los visitantes recorren salas enjauladas.

Ámsterdam, Países Bajos.- Un cocodrilo disecado de 3.6 metros, suspendido con la boca abierta, recibe a quienes ingresan al nuevo Art Zoo de Ámsterdam, un museo que combina taxidermia, arte y objetos inspirados en los antiguos gabinetes europeos de curiosidades.

La colección reúne cientos de criaturas conservadas, pilas de huesos acomodadas como composiciones artísticas, tulipanes iluminados dentro de frascos de boticario y una vitrina ocupada por peces de apariencia grotesca. Aunque no fue concebido como un museo de Halloween, su atmósfera oscura puede resultar inquietante para algunos visitantes.

“Daba un poco de miedo”, reconoció Tomáš Vaško, un ciudadano eslovaco que vive en la capital neerlandesa, después de recorrer el museo durante un oscuro día de octubre.

Un gabinete de curiosidades contemporáneo

Art Zoo fue creado por los artistas holandeses Jaap Sinke y Ferry van Tongeren. Ambos se inspiraron en las wunderkammers, también conocidas como gabinetes de curiosidades, que europeos adinerados reunían durante los siglos XVI y XVII para mostrar objetos relacionados con el mundo natural.

La intención de los artistas no es reproducir únicamente el aspecto que tendrían los ejemplares dentro de su hábitat. Su propuesta busca construir escenas y narrativas alrededor de cada criatura.

“Lo principal es que nos gusta contar historias con los animales”, explicó van Tongeren. “Nos gusta añadir dramatismo. Les damos personalidad, mientras que los taxidermistas tradicionales solo buscan imitar la naturaleza”.

Entre las piezas puede verse un guepardo acurrucado en una alcoba, bajo la mirada de un casuario. En otra parte, un cangrejo araña gigante japonés extiende sus patas de casi dos metros sobre una puerta, junto a huesos de las patas de un mastodonte que prácticamente alcanzan el techo.

Sinke y van Tongeren alcanzaron notoriedad en 2015, luego de que el artista británico Damien Hirst, conocido por sus obras con tiburones preservados en salmuera, comprara toda una exposición presentada por el dúo en una feria de arte de Londres.

Visitantes dentro de jaulas

El museo se encuentra en una casa del siglo XVII ubicada junto a uno de los canales de Ámsterdam. Sus salas están rodeadas por estructuras de metal negro que generan una sensación de encierro y modifican la dinámica habitual de un zoológico.

En Art Zoo, los seres humanos son quienes permanecen dentro de las jaulas, mientras los animales son presentados como si estuvieran en libertad. “Nos gusta mucho la idea de tener a todas las personas en una jaula y a todos los animales en libertad”, señaló van Tongeren. “De esa forma, todo el edificio se convierte en una obra de arte”.

Los responsables del museo aseguraron que ninguno de los ejemplares de la colección fue capturado en estado salvaje. De acuerdo con Sinke, los animales proceden de zoológicos donde murieron por causas naturales.

El artista admitió que los trámites y la documentación pueden ser complicados. Por esa razón, la pareja consiguió principalmente ejemplares procedentes de Europa, lo que les permitió conocer su historial.

Darwin como tercer colaborador

Aunque trabajan como un dúo, Sinke y van Tongeren se describen como un trío artístico al reconocer al naturalista Charles Darwin como el tercer colaborador de sus obras. El concepto del museo fue presentado como una forma de recuperar el asombro asociado con las observaciones de Darwin.

Una pared muestra varios bustos del naturalista colocados de lado. Para los creadores existe una particular ironía en rendirle homenaje dentro de un edificio que anteriormente albergó el Museo Bíblico.

No todos los objetos expuestos corresponden a animales presentados en su forma original. Debajo del cocodrilo suspendido aparece una pared con Jenny Hanivers, cadáveres de rayas alterados por marineros del siglo XVI para darles la apariencia de criaturas grotescas.

Estas piezas eran ofrecidas como supuestos monstruos marinos a coleccionistas que las consideraban auténticas. Ahora, sus rostros deformados forman parte del recorrido y parecen observar a quienes avanzan de una sala enjaulada a otra dentro de Art Zoo.

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