
MADRID, España.- El ministro de Transportes español, Óscar Puente, rechazó las peticiones para que abandone el cargo después del segundo gran accidente ferroviario ocurrido bajo su gestión durante el año, mientras las autoridades continuaban con la identificación de las víctimas de una colisión que dejó al menos 69 personas muertas.
El funcionario ha recibido críticas de legisladores de distintas fuerzas políticas y de sindicatos ferroviarios por atribuir inicialmente el choque a un incumplimiento de los protocolos por parte de operadores del centro de control. Las organizaciones laborales exigieron su destitución y consideraron prematuro responsabilizar a trabajadores cuando todavía se investigan las fallas del sistema.
“Mi obligación ahora no es dedicarme a hablar de mi continuidad, sino resolver el problema, esclarecer lo sucedido y ofrecer explicaciones claras”, declaró Puente durante una conferencia de prensa.
El accidente ocurrió cerca de Urda, en la provincia de Toledo, cuando un tren de alta velocidad impactó a otra unidad que permanecía detenida. De acuerdo con el reporte preliminar de la autoridad encargada de investigar accidentes ferroviarios, marítimos y aéreos, el tren avanzaba a una velocidad estimada de entre 160 y 200 kilómetros por hora.
La investigación todavía no establece la velocidad exacta. Ese dato deberá confirmarse mediante la información almacenada en la caja negra del tren.
Investigan una cadena de fallas y decisiones
El informe preliminar señala que una sucesión de averías, instrucciones y acciones habría terminado en la colisión sin que funcionaran las barreras destinadas a reducir o evitar el riesgo. La secuencia comenzó cuando varios trenes se detuvieron automáticamente por una falla en el sistema de señalización y el centro de control de Madrid asumió la gestión del tránsito.
Según la explicación ofrecida por Puente, un tren de la empresa estatal Renfe recibió autorización para continuar, aunque más adelante permanecía detenida una unidad de Iryo. Las comunicaciones obtenidas por el diario El País indican que el controlador permitió al tren de Renfe reanudar su recorrido a velocidad normal, pese a que el protocolo establecía un límite de 40 kilómetros por hora en esas condiciones.
La unidad de Renfe transportaba a 379 pasajeros y siete tripulantes. El tren de Iryo llevaba 147 pasajeros y cinco trabajadores. Conforme a las reglas citadas en la información, este último debía avanzar primero.
Representantes sindicales pidieron concentrar la investigación en la falla del sistema de señalización antes de determinar si existió un error humano. Raquel Ayllón, dirigente sindical del administrador de infraestructura Adif, sostuvo que los controladores trabajan bajo condiciones difíciles y consideró que las responsabilidades se estaban señalando demasiado pronto.
Continúa la identificación de las víctimas
En el lugar del impacto, grúas y equipos de emergencia retiraban los restos de los vagones, mientras la Guardia Civil gestionaba reportes correspondientes a 64 personas desaparecidas. Las autoridades habían realizado 49 autopsias e identificado inicialmente a cinco víctimas: tres mujeres y dos hombres.
Esther Padilla, portavoz del gobierno de Castilla-La Mancha, explicó que las pruebas avanzaban lentamente y que algunas familias comenzaban a ser llamadas para recibir resultados. No estaba claro cuántas de las personas reportadas como desaparecidas se encontraban entre los cuerpos pendientes de identificación.
El presidente regional, Emiliano García-Page, informó que no se localizaron más cadáveres después de que los rescatistas voltearan uno de los vagones. Sin embargo, advirtió que todavía no podía descartarse un aumento en la cifra de fallecidos.
Segundo accidente mortal en la misma línea
La tragedia se suma a otro accidente ocurrido en enero, en el que estuvieron involucradas las mismas compañías ferroviarias sobre la misma línea y murieron 46 personas. Los dos casos reactivaron las dudas sobre el mantenimiento y la seguridad de la red española de alta velocidad, considerada la más extensa de Europa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se comprometió a esclarecer las causas. Señaló que no es aceptable que España, con una red ferroviaria de alta velocidad de gran capacidad, registre dos accidentes de esa magnitud en un solo año.
La línea Madrid-Sevilla operaba con el sistema LZB, cuya sustitución por el estándar europeo ERTMS presentaba retrasos, según documentos públicos citados en el reporte. La investigación deberá definir el peso que tuvieron la falla técnica, las instrucciones del centro de control y el cumplimiento de los protocolos en la colisión.



