
Cuautitlán, Estado de México.— Edgar Osvaldo Cruz Nepomuceno, de 16 años, salió de su casa durante la madrugada del 31 de julio y dejó sobre una mesa una carta dirigida a su madre. No llevaba maletas, ropa ni documentos. En el mensaje prometió que regresaría con dinero para ayudarla.
“Mamá, no lo hago por rebeldía. Lo hago porque quiero ser alguien en la vida”, escribió el adolescente. También aseguró que pronto le haría llegar dinero para demostrar que se encontraba bien. Desde entonces, su familia desconoce su paradero y teme que haya sido engañado para incorporarse a una organización criminal.
Nancy Nepomuceno, madre de Osvaldo, considera que su hijo no tomó una decisión completamente libre. Cree que alguien pudo ofrecerle trabajo y pedirle que no llevara pertenencias ni avisara a su familia. Antes de marcharse, el joven tendió su cama, ordenó sus cosas y dejó algunas gorras para que su madre las vendiera.
El adolescente ayudaba en su hogar mediante la venta de dulces. Además, acompañaba cada tercer día a Nancy a sus sesiones de hemodiálisis, tratamiento que recibe desde hace una década. La mañana de su desaparición, ella esperó con la posibilidad de que hubiera salido a trabajar y regresara posteriormente.
Juan Carlos Cruz, padre del menor, relató que un día antes Osvaldo lo visitó en Tultitlán. Le pidió fotografías de él y de su medio hermano, le expresó su cariño y le solicitó el dinero del mes para entregárselo a su madre. Aunque la familia percibió su comportamiento como una despedida, no imaginó que abandonaría su domicilio.
Grabaciones obtenidas posteriormente muestran al adolescente caminando solo, saltando una reja y entrando en un callejón. De acuerdo con el padre, son pocos los minutos disponibles y no se ha proporcionado acceso a todas las cámaras que podrían ayudar a reconstruir su recorrido.
La familia también cuestionó la atención recibida en el Ministerio Público de Cuautitlán. Nancy afirmó que inicialmente no le informaron sobre la posibilidad de solicitar videos de vigilancia y que el funcionario responsable de la carpeta se encontraba de vacaciones. Los padres consiguieron algunos oficios después de realizar diligencias y recibir orientación de otras personas buscadoras.
La ficha de búsqueda describe a Edgar Osvaldo como un adolescente de complexión delgada, tez morena clara, cabello negro corto, ojos café oscuro y una cicatriz en el lado derecho de la cabeza. Mide 1.63 metros y pesa aproximadamente 48 kilogramos. Vestía pantalón de mezclilla azul marino, sudadera con gorro del mismo color y botas negras.
El caso ocurre en un contexto de desapariciones de menores en el Estado de México. Según datos citados de la Comisión de Búsqueda estatal, durante agosto se registraron 54 reportes correspondientes a adolescentes de entre 12 y 17 años, además de 15 casos de menores de 11 años. En el perímetro de La Guadalupana y Galaxia Cuautitlán fueron reportados varios adolescentes y una joven de 22 años.
La preocupación sobre un posible reclutamiento surgió también por un episodio anterior. En mayo, Osvaldo contó a un primo que un hombre le había ofrecido trabajar con él cerca de Melchor Ocampo. En aquella ocasión, de acuerdo con el relato familiar, el adolescente se arrepintió y volvió.
Conversaciones encontradas en una cuenta de Instagram que dejó abierta muestran que Osvaldo preguntó a otra persona cómo podía ser como él. Su interlocutor le habría recomendado escuchar a su madre y le advirtió que esa vida “no está padre”. Nancy aseguró que entregó esta información al Ministerio Público.
Juan Martín Pérez, de Tejiendo Redes por la Infancia, explicó que los grupos criminales pueden enganchar a menores mediante sustancias, deudas u ofertas de dinero. Algunos son utilizados como vigilantes, mientras otros trasladan drogas o piezas de armas; en determinados casos llegan a participar en homicidios.
El especialista señaló que el reclutamiento forzado todavía no cuenta con un tipo penal específico a nivel federal, pese a las iniciativas presentadas en la Cámara de Diputados. Esta ausencia, indicó, dificulta distinguir a los menores como víctimas y brindarles atención especializada.
Nancy y Juan Carlos pidieron a las autoridades acelerar las diligencias, ampliar la revisión de cámaras y dar respuestas a la familia. “Hijo, regresa. Solo quiero saber que estás bien donde quiera que estés”, expresó la madre, quien aseguró que no está enojada y únicamente desea encontrarlo.



