
MÉXICO / ESTADOS UNIDOS.- Toneladas de alimentos mexicanos que todavía son aptos para consumo humano pueden terminar desechadas en Estados Unidos debido a retrasos logísticos, rechazos relacionados con su apariencia y la falta de compradores alternativos.
El problema representa un costo económico directo para las pequeñas y medianas empresas exportadoras, que deben absorber no solamente la pérdida de la mercancía, sino también los gastos de almacenamiento, traslado, refrigeración y disposición final.
Desechar una carga de aproximadamente 18 toneladas en un relleno sanitario estadounidense puede costar entre 800 y 2 mil dólares, dependiendo del estado, de acuerdo con información difundida por Marco, empresa especializada en infraestructura financiera para compañías latinoamericanas con operaciones en Estados Unidos.
Ese cálculo no incluye el transporte de la carga hasta el sitio de disposición, el espacio utilizado para almacenarla ni el costo de conservar la cadena de frío mientras se determina qué hacer con el producto.
Alimentos quedan fuera del mercado por su apariencia
Una parte del desperdicio ocurre cuando frutas y verduras no cumplen con las características comerciales solicitadas por los compradores. El color, tamaño, variedad, forma o presentación pueden provocar un rechazo, aun cuando el alimento mantenga sus propiedades nutritivas y condiciones adecuadas para el consumo.
“Cuando los distribuidores devuelven productos a sus proveedores, los costos logísticos pueden llevar a que el proveedor termine optando por desechar mercancía que todavía es apta para el consumo humano”, explicó Esther Escárzaga, gerente de Alianzas Agrícolas de la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX).
La representante agregó que también existen alimentos excluidos del mercado por criterios de apariencia, pese a conservar sus propiedades nutritivas.
El riesgo es mayor para productos perecederos como jitomate, lechuga, pepino, pimiento y bayas. Debido a su vida limitada de anaquel, un retraso en el transporte o en la distribución reduce el tiempo disponible para encontrar otro cliente antes de que la mercancía pierda valor comercial.
El problema se suma al desperdicio registrado desde el origen. Según BAMX, entre 30% y 40% de los alimentos se desperdician desde el campo mexicano. Posteriormente pueden presentarse nuevas mermas por devoluciones, rechazos comerciales o fallas de distribución.
Buscan alternativas antes de desechar las cargas
Ante este escenario, la red promueve acuerdos anticipados entre productores y distribuidores para definir qué ocurrirá cuando un cargamento sea rechazado por motivos comerciales o estéticos.
Una opción consiste en dirigir los alimentos hacia restaurantes, otros compradores o bancos de alimentos antes de considerar su destrucción. El objetivo es contar con una ruta alterna previamente establecida, especialmente cuando se trata de productos con pocos días disponibles para su comercialización.
Entre las estrategias mencionadas se encuentra Cross Borders, una iniciativa orientada a rescatar excedentes del campo mexicano cuando su volumen supera la capacidad de los bancos de alimentos nacionales. Bajo ese esquema, los productos pueden canalizarse a organizaciones similares en Estados Unidos, siempre que cumplan con las condiciones sanitarias y de inocuidad correspondientes.
PyMEs también enfrentan falta de liquidez
Las dificultades financieras no desaparecen cuando una venta se concreta. En operaciones con perecederos, los plazos de cobro pueden extenderse alrededor de 45 días o más, mientras las empresas deben continuar pagando a productores, transportistas, proveedores y otros participantes de la cadena.
También deben considerar las comisiones por transferencias internacionales y las variaciones del tipo de cambio al convertir a pesos mexicanos los dólares obtenidos por sus ventas.
Luis Garza, director de Desarrollo de Negocios de Marco, señaló que el margen de un exportador depende tanto del monto vendido como del tiempo necesario para recibirlo, las comisiones y el tipo de cambio aplicado al traslado de recursos entre ambos países.
En conjunto, el desperdicio y la presión financiera plantean un doble desafío: aprovechar alimentos que todavía pueden consumirse y evitar que una devolución comprometa el capital de trabajo de las empresas mexicanas. La coordinación entre productores, compradores, distribuidores, bancos de alimentos y prestadores de servicios puede ampliar las oportunidades para colocar una carga antes de enviarla a un relleno sanitario.



