BOGOTÁ, Colombia.— Por segunda vez en dos meses, un terremoto sacudió Sudamérica y dejó escenas de edificios destruidos, familias buscando a sus seres queridos y gobiernos enfrentados al desafío de coordinar una respuesta de emergencia. Sin embargo, la atención desplegada en Colombia mostró diferencias importantes frente a la experiencia reciente de Venezuela.
El sismo de magnitud 7.4 que golpeó Colombia ocurrió semanas después de los temblores registrados el 24 de junio en Venezuela. Aunque ambas tragedias provocaron solicitudes de ayuda y movilización internacional, la velocidad de reacción, la disponibilidad de maquinaria y la capacidad de las instituciones han sido distintas.
Respuesta inmediata en Colombia
El presidente colombiano Abelardo de la Espriella, quien había asumido el cargo menos de 72 horas antes del terremoto, anunció un puesto de mando de emergencia aproximadamente una hora después del movimiento. También aseguró que asumiría directamente el liderazgo de la atención y envió un mensaje a las comunidades de la región cafetera: “No están solos”.
En las siguientes 36 horas recorrió zonas afectadas en Quibdó, Cali y Pereira, mientras ministros fueron enviados a lugares más apartados. Equipos de rescate utilizaron excavadoras, grúas, perros y drones con cámaras térmicas para buscar posibles sobrevivientes. Bomberos también fueron trasladados desde Bogotá.
La emergencia se produjo durante una tensa transición política. De la Espriella había sostenido un enfrentamiento con su antecesor, Gustavo Petro, lo que complicó el proceso formal de entrega del gobierno y mantuvo agencias estratégicas bajo el control de funcionarios de la administración anterior.
Pese a esas diferencias, representantes humanitarios señalaron que las instituciones continuaron operando. María José Torres Macho, máxima funcionaria de Naciones Unidas en Colombia, afirmó que el trabajo con las autoridades no se vio afectado por el cambio de gobierno.
La respuesta tampoco ha estado libre de cuestionamientos. Colombia rechazó equipos extranjeros de rescate, con excepción de los enviados por Estados Unidos, al considerar que dispone de personal suficiente. En su lugar, solicitó suministros humanitarios. El embajador de China expresó públicamente dudas sobre qué autoridad coordinaba la asistencia internacional.
Diferencias en los balances de víctimas
El terreno accidentado, las fallas de comunicación y la infraestructura limitada han dificultado conocer la dimensión completa de la tragedia colombiana. El balance nacional citado en el reporte señala al menos 265 personas fallecidas y 500 desaparecidas, pero autoridades locales manejan cifras diferentes. Una base de datos independiente registraba a más de 4 mil 100 personas no localizadas.
Especialistas advierten que pueden pasar semanas antes de contar con un panorama definitivo. También señalan diferencias entre ambos desastres: los sismos de Venezuela golpearon la densamente poblada zona de La Guaira cerca del anochecer, mientras el terremoto colombiano afectó principalmente áreas rurales durante el día.
Desconfianza y carencias en Venezuela
En Venezuela, la presidenta designada Delcy Rodríguez tardó casi cuatro horas en dirigirse al país después de los temblores. Su primer balance oficial reportó 32 fallecidos y no incluyó inicialmente el epicentro en La Guaira, una de las zonas con mayor destrucción.
Durante los días posteriores, habitantes removieron escombros sin maquinaria pesada, mientras rescatistas internacionales cubrían vacíos en la respuesta estatal. Más de seis semanas después, el gobierno venezolano ubicaba la cifra de fallecidos en 6 mil 301. Una base administrada por la oposición registraba a 29 mil personas como no localizadas, datos que no habían sido conciliados con un conteo oficial de desaparecidos.
Ronal Rodríguez, vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, consideró que la capacidad de respuesta refleja las diferencias entre las instituciones de un sistema democrático y las de un régimen autoritario. Años de crisis económica, migración y represión política también profundizaron la desconfianza de la población venezolana hacia la información oficial.
Para venezolanos que siguieron desde el extranjero las labores en Colombia, la presencia rápida de maquinaria y personal especializado resultó especialmente significativa. Juan Mogollon, residente de Orlando, observó por televisión la búsqueda de su primo adolescente y de los abuelos del menor entre las ruinas de un edificio en Cali.
Mientras esperaba noticias sobre sus familiares, Mogollon resumió el contraste: Colombia tenía equipos, protocolos y personal preparado. Para él, esa capacidad representa “lo mínimo” que los ciudadanos deberían esperar de las autoridades cuando ocurre una catástrofe.



