CIUDAD DE MÉXICO.— Harry Styles convirtió temporalmente una sucursal de Churrería El Moro en punto de reunión para sus seguidores, luego de pagar los churros de quienes acudieron al establecimiento ubicado en la colonia Condesa durante el domingo 9 y el lunes 10 de agosto.
Los comprobantes entregados a los clientes llevaban el nombre del cantante británico, exintegrante de One Direction, y el de su gira, “Together, Together”. Las filas y las fotografías de los tickets circularon en redes sociales, donde la iniciativa volvió a colocar a El Moro en la conversación.
El gesto ocurrió como parte de la despedida de Styles de la capital mexicana después de sus conciertos, de acuerdo con la información difundida. El episodio también permitió recordar la trayectoria de una churrería que comenzó hace más de nueve décadas con un carrito en el Zócalo de la Ciudad de México.
El origen de Churrería El Moro
La historia del negocio se remonta a 1933, cuando Francisco Iriarte llegó a México procedente de Elizondo, una localidad del Valle del Baztán, en España. Al observar que los churros prácticamente no se vendían en las calles de la capital, identificó una oportunidad y colocó un carrito en el Zócalo.
En ese punto comenzó a ofrecer churros con azúcar y canela, acompañados de chocolate caliente. Iriarte llamó “El Moro” a su negocio como homenaje a un vendedor de churros de su pueblo natal.
Dos años después, en 1935, adquirió un local en el número 42 de la entonces avenida San Juan de Letrán, actualmente Eje Central Lázaro Cárdenas. Ahí abrió formalmente Churrería El Moro, que con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro del Centro Histórico.
Francisco Iriarte murió en 1940, cinco años después de la apertura del establecimiento. Sus hermanos José, Santiago e Ignacio viajaron desde España para continuar con la operación y mantener la empresa en manos de la familia.
Un establecimiento ligado a la vida de la capital
Por las mesas de El Moro han pasado figuras de la cultura y el entretenimiento mexicano como Cantinflas, Tin Tan y Resortes, así como los escritores Carlos Fuentes y Octavio Paz. El lugar también ha recibido durante décadas a estudiantes, trabajadores, familias y turistas.
La sucursal original conserva parte de su decoración tradicional, el proceso artesanal para elaborar los churros y una de las características que contribuyeron a su popularidad: el servicio durante las 24 horas.
Actualmente, la empresa continúa bajo el control de la familia Iriarte. Santiago Iriarte ocupa la dirección general y ha participado en una etapa de expansión que llevó a la marca más allá del Centro Histórico y de la Ciudad de México.
Expansión a Estados Unidos
El crecimiento internacional comenzó en 2023 con la apertura de una sucursal dentro de Mercado González, en Costa Mesa, California. Posteriormente, la marca llegó a Echo Park, en Los Ángeles, con su segundo establecimiento en territorio estadounidense.
La llegada a ese país fue impulsada mediante una alianza con Northgate Market, cadena de supermercados orientada principalmente a las comunidades mexicana y latina. La estrategia mantuvo el concepto de la churrería y su oferta de churros, chocolate y malteadas.
El Moro sostiene que utiliza la receta original de 1935. Sus churros son actualmente veganos y el chocolate es preparado con cacao de Tabasco. El menú también incluye Moritos, dips de chocolate, leche condensada, cajeta y avellana, además de chocolate frío, malteadas y, en algunas sucursales, alimentos salados.
La evolución de los precios
Los precios han cambiado con el paso de los años. Un menú difundido en 2004 señalaba que un churro individual costaba 2.50 pesos, mientras que un chocolate especial con cuatro churros tenía un precio de 36 pesos.
En un menú publicado en 2022, una orden de cuatro churros aparecía en 48 pesos, los chocolates alcanzaban los 85 pesos y las malteadas rondaban los 100 pesos. En plataformas de entrega, cuyos precios pueden variar, una orden de cuatro churros se ofrece actualmente alrededor de 65 pesos y una de 12 llega a 190 pesos.
Más de 90 años después de la instalación de aquel carrito en el Zócalo, la atención generada por Harry Styles dio nueva visibilidad a una marca familiar vinculada con la historia gastronómica de la Ciudad de México.



