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Jóvenes mexicanos crean combustible a partir de desechos de caña

El proyecto del Instituto Tecnológico de Veracruz transforma bagazo de caña en bioetanol de segunda generación y obtuvo el primer lugar en una competencia energética de 2025.

Veracruz, México.— Estudiantes del Instituto Tecnológico de Veracruz desarrollaron un proceso para producir bioetanol a partir del bagazo de caña de azúcar, un residuo agrícola que permanece después de extraer el jugo de la planta. El combustible obtenido puede emplearse como componente de mezclas con gasolina, siempre que cumpla con las especificaciones técnicas y las normas aplicables.

La propuesta corresponde a la producción de bioetanol de segunda generación, denominado así porque utiliza residuos agrícolas y materiales lignocelulósicos como materia prima, en lugar de recurrir directamente a cultivos ricos en azúcar o almidón. El proyecto obtuvo el primer lugar en el Maratón de la Energía del 6.º Congreso Internacional de Energía, Refinación y Petroquímica de 2025.

El punto de partida es el bagazo, una combinación de fibras vegetales que suele quedar como subproducto de la industria azucarera. Aunque parece un material de desecho, contiene celulosa que puede aprovecharse para producir alcohol mediante procesos químicos y biotecnológicos.

¿Cómo convierten el bagazo en bioetanol?

El procedimiento desarrollado por el equipo comienza con la modificación de la estructura del residuo para liberar la celulosa. Posteriormente, mediante enzimas, esta se transforma en glucosa. El azúcar obtenido pasa por una etapa de fermentación para producir etanol.

Esto significa que los estudiantes no convierten directamente el bagazo en gasolina. Lo que hacen es aprovechar uno de sus componentes para obtener un alcohol que puede utilizarse como biocombustible o como parte de una mezcla con combustible convencional.

A diferencia del etanol tradicional, producido con materias primas que contienen azúcares o almidones, el de segunda generación parte de materiales con celulosa. Los lineamientos mexicanos reconocen los residuos agrícolas y lignocelulósicos entre las materias primas que pueden emplearse para producir bioetanol.

El equipo también contempla el aprovechamiento de otros residuos orgánicos, como cáscaras de coco y maíz. Sin embargo, el bagazo resulta especialmente relevante para Veracruz debido a la actividad cañera del estado y a la disponibilidad de este subproducto.

La mezcla con gasolina requiere controles

De acuerdo con los estudiantes, el bioetanol producido podría mezclarse con gasolina en una proporción de entre 5 y 6%. No obstante, obtener etanol en el laboratorio no implica que pueda utilizarse directamente en cualquier automóvil, pues el combustible debe reunir condiciones de pureza, calidad y compatibilidad.

Los lineamientos federales establecen especificaciones para el bioetanol destinado al sector automotriz. En el caso del etanol anhidro, se contempla una pureza de entre 92.1 y 100% antes de ser incorporado a una mezcla. También deben considerarse las características del vehículo y del combustible final.

El grupo estima que su combinación podría reducir entre 80 y 90% las emisiones contaminantes en comparación con los combustibles fósiles. Sin embargo, esa cifra corresponde a una estimación del propio proyecto y no puede aplicarse automáticamente a todas las mezclas de bioetanol y gasolina.

El reto es llevar el proceso a mayor escala

Los alumnos ya realizaron demostraciones en las que emplearon el etanol para generar una flama y alimentar un pequeño sistema de generación eléctrica. El avance permite mostrar el aprovechamiento energético del producto, aunque todavía no representa una aplicación comercial o automotriz a gran escala.

La producción de bioetanol de segunda generación enfrenta desafíos como romper de manera eficiente la estructura lignocelulósica, recuperar suficientes azúcares fermentables y reducir los costos del proceso. También requiere infraestructura para producir, almacenar y distribuir el combustible bajo condiciones controladas.

El proyecto no plantea una sustitución inmediata de la gasolina. Su aportación consiste en demostrar que un residuo de la industria azucarera puede transformarse en una materia prima energética. El siguiente desafío será comprobar si el proceso puede alcanzar la eficiencia, calidad y viabilidad económica necesarias para salir del laboratorio.

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