El exboxeador puertorriqueño Prichard Colón falleció este jueves a los 33 años, después de enfrentar durante más de una década las severas secuelas neurológicas que sufrió tras un combate realizado en 2015.
La noticia fue dada a conocer por su padre, Richard Colón, mediante un mensaje difundido en Facebook. En la publicación, el padre del deportista lamentó su fallecimiento y señaló que hizo todo lo que estuvo a su alcance durante los años en los que su hijo necesitó atención permanente.
“Lamento informarles la partida de mi hijo Prichard de este mundo terrenal. Ahora está en un mejor mundo. Hice todo lo posible, pero no se pudo”, expresó Richard Colón.
El padre del expeleador también indicó que buscó cumplir el deseo de Prichard de regresar a Puerto Rico antes de su muerte. El material disponible no precisa el lugar donde ocurrió el fallecimiento ni ofrece información sobre servicios funerarios.
El combate que cambió la vida de Prichard Colón
La carrera y la vida de Colón cambiaron el 17 de octubre de 2015, durante una pelea contra el estadounidense Terrel Williams en Fairfax, Virginia. El puertorriqueño tenía entonces 23 años y era considerado una de las principales promesas del boxeo latinoamericano.
Durante el enfrentamiento recibió repetidos impactos en la parte posterior de la cabeza. Este tipo de contacto, conocido dentro del boxeo como “golpes de conejo”, está prohibido debido al riesgo que representa para la salud de los peleadores.
El castigo sufrido durante aquella pelea provocó un deterioro en la condición de Colón. Después del combate fue trasladado de emergencia a un hospital, donde los médicos le diagnosticaron un hematoma subdural. La lesión derivó en daño cerebral permanente y modificó por completo su vida y la de su familia.
El deportista permaneció en coma durante 221 días y recibió atención en el Shepherd Center de Atlanta, Georgia, de acuerdo con la información difundida sobre su caso. Tras ese periodo comenzó un largo proceso de cuidados y terapias para atender las secuelas neurológicas.
Una década de atención y rehabilitación
Desde la lesión, su madre, Nieves Meléndez, se convirtió en una figura central en su cuidado. Durante años estuvo a cargo de acompañarlo en terapias físicas y de brindarle asistencia especializada para ayudarlo a comunicarse e interactuar con su entorno.
La familia compartió en diferentes momentos aspectos de su rehabilitación y de la lucha cotidiana que enfrentó el exboxeador. Su historia generó muestras de apoyo dentro y fuera del mundo deportivo, además de mantener abierta la discusión sobre los riesgos de los golpes ilegales y la protección médica de quienes participan en deportes de contacto.
Antes de la pelea contra Williams, Colón mantenía una trayectoria ascendente. Llegó a aquel combate con una marca invicta de 16 victorias consecutivas, 12 de ellas obtenidas por nocaut. Sus resultados lo colocaban como un prospecto con posibilidades de competir posteriormente por campeonatos mundiales.
La lesión interrumpió de manera definitiva esa carrera. En lugar de continuar su camino hacia peleas de mayor relevancia, Prichard comenzó un prolongado proceso de supervivencia, rehabilitación y atención especializada.
Un caso que marcó al boxeo
Lo ocurrido con el puertorriqueño se convirtió en un caso emblemático sobre las consecuencias que pueden provocar los impactos en la zona posterior de la cabeza. También reforzó los llamados para que árbitros, esquinas, promotores y autoridades deportivas actúen oportunamente ante acciones antirreglamentarias o señales de una posible lesión.
Durante los más de diez años posteriores al combate, Colón y su familia fueron reconocidos por la constancia con la que enfrentaron las consecuencias de aquel episodio. Su padre y su madre mantuvieron el acompañamiento del deportista hasta sus últimos días.
Prichard Colón murió a los 33 años, una década después de la pelea que terminó con su carrera profesional y dejó daños permanentes en su salud. Su historia permanece vinculada tanto a la promesa deportiva que representó como al debate sobre la seguridad y la atención de los boxeadores.



