El Niño podría regresar en 2026 y elevar el calentamiento global
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2026 podría estar marcado por el regreso de El Niño y el agravamiento del calentamiento global

La fase débil de La Niña perdería fuerza y daría paso a condiciones más cálidas en el Pacífico; los posibles efectos se extenderían hasta el invierno de 2026-2027.

MUNDO.- El clima global podría experimentar un nuevo cambio durante 2026. Las proyecciones de largo plazo apuntan al posible regreso de El Niño entre el verano y el otoño, después de una fase débil de La Niña que comenzó a finales de 2025 y que perdería fuerza durante los primeros meses del año.

El eventual desarrollo de esta fase cálida del Pacífico se produciría en un contexto marcado por el avance del calentamiento global. Aunque El Niño es un fenómeno natural, sus efectos pueden elevar temporalmente la temperatura media del planeta cuando se combinan con la acumulación de gases de efecto invernadero generados por las actividades humanas.

El antecedente más cercano es 2024, señalado como el año más caluroso desde que existen registros fiables. De acuerdo con el material analizado, ese comportamiento estuvo relacionado tanto con la tendencia de calentamiento causada por las emisiones como con el episodio de El Niño que se extendió desde la primavera de 2023 hasta la primavera de 2024.

El ciclo climático del Pacífico

El Niño y La Niña son las dos principales fases del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO. Durante La Niña, las aguas de una zona del Pacífico tropical presentan temperaturas inferiores a lo habitual. En El Niño ocurre lo contrario: la superficie del océano registra un calentamiento anormal que modifica la circulación atmosférica.

Entre ambas fases también pueden presentarse periodos neutrales. Los años bajo la influencia de El Niño suelen ser más cálidos que aquellos dominados por La Niña, debido a que el océano libera más calor hacia la atmósfera. La Niña, en contraste, puede aportar un ligero efecto refrescante a escala mundial, pero no revierte la tendencia de calentamiento de largo plazo.

Una fase débil de La Niña habría comenzado en noviembre de 2025. El informe citado de Severe Weather Europe anticipaba que perdería fuerza entre enero y marzo de 2026. Después podría establecerse una etapa neutral antes de una posible transición hacia El Niño.

El Niño podría aparecer en verano u otoño

Los modelos climáticos pueden detectar con varios meses de anticipación señales compatibles con un cambio de fase del ENSO. Las previsiones revisadas apuntan a que El Niño podría desarrollarse entre el verano y el otoño de 2026, aunque este tipo de pronósticos mantiene un grado de incertidumbre y debe actualizarse conforme evolucionen el océano y la atmósfera.

Antes de que El Niño sea declarado oficialmente, suelen observarse modificaciones en los vientos del Pacífico ecuatorial y un aumento gradual de la temperatura del agua. Algunas regiones cercanas pueden comenzar a registrar efectos incluso antes de que el fenómeno alcance su pleno desarrollo.

En promedio, un episodio de El Niño dura cerca de un año, aunque en determinadas ocasiones puede prolongarse. Sus consecuencias también pueden continuar durante varios meses después de que las condiciones oceánicas regresen a niveles neutrales.

Posibles efectos alrededor del mundo

Entre los patrones asociados con El Niño se encuentran periodos de sequía en la Amazonia, olas de calor e incendios en Australia, así como condiciones más lluviosas en la costa occidental de América y en Argentina. También puede coincidir con una menor actividad de huracanes en el Atlántico y cambios en la frecuencia de tornados en Norteamérica.

Estas relaciones representan tendencias generales y no garantizan un resultado específico. La intensidad y ubicación de los impactos dependen de la fuerza del episodio, la temporada y otros patrones atmosféricos presentes en cada región.

En Europa, la influencia del ENSO es menos directa que en las zonas cercanas al Pacífico. Sin embargo, meteorólogos han identificado patrones recurrentes relacionados con alteraciones en la corriente en chorro, la franja de vientos de gran altitud que influye en la llegada de aire frío, calor y lluvias persistentes.

El efecto europeo podría ser limitado durante el verano de 2026 y hacerse más evidente en el invierno de 2026-2027. En Francia, por ejemplo, anteriores episodios han coincidido con inviernos más variables, húmedos y con mayor presencia de temporales, aunque no todos los eventos producen las mismas consecuencias.

Un impulso adicional al calentamiento

El posible regreso de El Niño no sustituye ni explica por sí solo el calentamiento global. Se trata de una variación natural que ocurre sobre una tendencia de largo plazo impulsada por las emisiones humanas. Por ello, una nueva fase cálida podría elevar temporalmente las temperaturas y favorecer nuevos extremos climáticos.

La evolución del Pacífico durante los próximos meses será clave para confirmar si El Niño se desarrollará, cuándo comenzará y cuál podría ser su intensidad. Los pronósticos regionales permitirán precisar los riesgos conforme se acerquen el verano y el otoño de 2026.

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