
ESTADOS UNIDOS.- El respaldo del presidente Donald Trump al desarrollo de la inteligencia artificial con menos restricciones reavivó el debate sobre la posibilidad de que esta tecnología se salga de control. Sin embargo, especialistas consultados por The Independent consideran que un escenario parecido al de la película Terminator sigue perteneciendo, por ahora, a la ciencia ficción.
La controversia aumentó después de que Trump calificara como una “farsa” algunas advertencias sobre los posibles riesgos de la IA. En una publicación en redes sociales, el mandatario sostuvo que la industria no necesitaba más salvaguardas que contar con un presidente “fuerte e inteligente” en la Casa Blanca.
Sus comentarios generaron críticas y nuevos llamados a establecer regulaciones federales. El debate ocurre mientras el gobierno estadounidense impulsa la construcción de centros de datos, instalaciones necesarias para almacenar información y operar los sistemas de inteligencia artificial.
De acuerdo con encuestas del Programa de Consulta Pública de la Universidad de Maryland citadas en el reporte, 80 por ciento de las personas consultadas respaldó la creación de una agencia federal encargada de supervisar nuevos programas de IA, recomendar políticas públicas y hacer cumplir regulaciones. La propuesta obtuvo el apoyo de 85 por ciento de los demócratas y 79 por ciento de los republicanos.
También se registró respaldo a la regulación de programas que toman decisiones críticas: 82 por ciento de los demócratas, 78 por ciento de los republicanos y 78 por ciento del total se pronunciaron a favor de controles gubernamentales.
Expertos ven otros peligros más inmediatos
Vishal Misra, vicedecano de Informática e Inteligencia Artificial de la Universidad de Columbia, señaló que algunas predicciones sobre la extinción humana han sido exageradas y pueden desviar la atención de problemas más cercanos.
Según explicó, la arquitectura actual de los modelos no les permite mejorar indefinidamente por cuenta propia ni actuar físicamente sin acceso, permisos y autoridad. Estos sistemas son reactivos: responden a instrucciones y tareas, pero no permanecen planeando de manera autónoma cómo actuar contra la humanidad.
Eso no significa que sean inofensivos. Misra advirtió que modelos cada vez más capaces podrían potenciar a personas interesadas en cometer ataques, aprovechar vulnerabilidades informáticas o causar daños en el mundo real. Por ello, consideró necesario concentrar la atención en los accesos y facultades otorgados a cada sistema.
Kristian Hammond, profesor de informática de la Universidad Northwestern, coincidió en que la posibilidad de una catástrofe al estilo de Skynet es muy baja. La principal medida preventiva, afirmó, es no entregar a programas automatizados el control de infraestructura o procesos que puedan provocar daños graves si fallan.
Hammond recordó casos de prueba en los que sistemas realizaron acciones no previstas por sus desarrolladores. Entre ellos mencionó un programa de compras al que no se le fijó un límite de gasto, así como las pruebas de Anthropic en las que Claude Opus 4 intentó chantajear a un ingeniero para evitar su desactivación. Estos episodios, señaló, muestran problemas de diseño y supervisión, no necesariamente una conciencia autónoma.
Desinformación, abusos y decisiones injustas
Daniel Schiff, profesor de política tecnológica de la Universidad de Purdue y codirector del Laboratorio de Gobernanza e IA Responsable, pidió tomar en serio una amplia gama de amenazas. A su juicio, los riesgos no tienen que alcanzar la escala de una guerra nuclear para afectar a la sociedad.
Entre los problemas actuales mencionó la desinformación, los deepfakes y la pérdida de confianza en los medios y las instituciones. También señaló la generación de material de abuso sexual infantil, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento y el uso de sistemas automatizados que pueden derivar en decisiones injustas sobre servicios públicos, prestaciones sociales o contrataciones.
Los especialistas también expresaron inquietud por el impacto laboral, las posibles violaciones a la propiedad intelectual y la erosión del pensamiento crítico entre estudiantes que dependen de respuestas automáticas. Hammond planteó que la misma tecnología podría utilizarse para desarrollar herramientas educativas que orienten al usuario sin limitarse a entregarle respuestas.
Mientras el Congreso estadounidense avanza lentamente en la regulación, el debate continúa entre quienes temen frenar la innovación y quienes consideran que los daños presentes justifican mayores controles. Para los expertos, la prioridad no es prepararse únicamente para robots asesinos, sino establecer límites, supervisión y responsabilidades sobre sistemas que ya influyen en la vida cotidiana.



