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Expertos alertan que el estrés y la contaminación pueden elevar el riesgo de infarto

Especialistas señalan que la exposición prolongada a partículas contaminantes, ruido nocturno y situaciones de estrés puede afectar los vasos sanguíneos, el sueño y la presión arterial.

México.- Vivir cerca de una avenida con tráfico intenso, dormir mientras se escucha el paso constante de vehículos o permanecer durante meses bajo presión laboral pueden parecer situaciones cotidianas. Sin embargo, la exposición prolongada a estas condiciones también puede tener consecuencias para la salud cardiovascular.

El tema fue abordado durante el 52.º Congreso Argentino de Cardiología, organizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) del 14 al 16 de octubre. La discusión amplió la lista de factores que deben considerarse en la prevención de enfermedades del corazón.

Además de la presión arterial alta, el colesterol elevado, el tabaquismo y el sedentarismo, los especialistas señalaron la importancia de observar la contaminación del aire, el ruido y el estrés sostenido.

El riesgo cardiovascular también depende del entorno

Una alimentación equilibrada, el ejercicio y el control de la presión arterial y el colesterol siguen siendo medidas fundamentales. No obstante, el ambiente en el que una persona vive, trabaja y descansa también puede influir en su salud.

Los especialistas utilizan el concepto de exposoma para describir el conjunto de factores ambientales y sociales a los que una persona está expuesta durante su vida. Esto incluye las condiciones de la vivienda y del trabajo, así como la calidad del aire, los niveles de ruido y otras características del entorno.

Koji Antonio Ishino, cardiólogo y asesor del Consejo de CardioEcología y Hábitos Saludables de la SAC, explicó que controlar los factores tradicionales no elimina necesariamente los posibles efectos de estas exposiciones.

La contaminación del aire y sus efectos en el corazón

La contaminación atmosférica no perjudica únicamente a los pulmones. Las partículas finas pueden penetrar profundamente en las vías respiratorias y activar procesos inflamatorios que también afectan a los vasos sanguíneos.

Entre las principales fuentes de exposición se encuentran las emisiones del tránsito, las actividades industriales, los incendios y la combustión de leña u otros materiales en espacios con poca ventilación.

De acuerdo con datos citados por la SAC a partir del informe State of Global Air 2025, la contaminación del aire estuvo asociada con 7.9 millones de muertes en el mundo durante 2023. Esa cifra comprende distintas enfermedades y no debe interpretarse como el número de fallecimientos causados específicamente por infartos.

En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios reconoce que la exposición a contaminantes atmosféricos está relacionada con efectos agudos y crónicos, incluidos daños cardiovasculares. El material también refiere que, en febrero de 2026, la Secretaría de Salud y la Organización Panamericana de la Salud impulsaron acciones para fortalecer la vigilancia de los daños asociados con la contaminación ambiental.

El ruido nocturno puede alterar el organismo

El ruido generado por el tráfico, los aviones y determinadas actividades industriales puede interrumpir el sueño y mantener activos los mecanismos de alerta del organismo.

Una revisión sistemática publicada en 2018 encontró una asociación entre el ruido del tráfico vial y una mayor incidencia de cardiopatía isquémica. En siete estudios longitudinales, cada incremento de 10 decibelios en el indicador de exposición al ruido diurno, vespertino y nocturno se relacionó con un aumento relativo de 8% en la incidencia de esta enfermedad.

Los resultados muestran una asociación estadística, pero no significan que el ruido provoque directamente un infarto en una persona determinada.

Estrés prolongado y riesgo cardiovascular

Las exigencias laborales, los problemas económicos y los conflictos personales pueden mantener al organismo en un estado de alerta persistente. Con el tiempo, el estrés puede influir en la presión arterial, la inflamación y el metabolismo, además de dificultar el descanso y la actividad física.

Una investigación publicada en diciembre de 2021 en JAMA Network Open siguió a 118 mil 706 personas de entre 35 y 70 años, procedentes de 21 países y sin antecedentes de enfermedad cardiovascular al inicio.

Durante una mediana de seguimiento de 10.2 años, quienes reportaron niveles altos de estrés presentaron un riesgo relativo 22% mayor de enfermedad cardiovascular y 30% mayor de accidente cerebrovascular que las personas que no reportaron estrés.

Cuidar el corazón requiere entornos más saludables

Evitar el tabaco, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y controlar la presión arterial y el colesterol continúan siendo acciones esenciales. Sin embargo, la prevención también debe considerar el aire que se respira, el ruido durante el descanso y las condiciones de vida y trabajo.

Además de las decisiones individuales, reducir emisiones, controlar el ruido del tráfico y mejorar los espacios urbanos puede contribuir a crear entornos más saludables para el corazón.

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