
BAKERSFIELD, California.- Dolores Huerta, histórica activista de los derechos civiles, cofundadora del sindicato United Farm Workers e impulsora del lema “¡Sí, se puede!”, murió a los 96 años en su casa de Bakersfield, California.
Huerta falleció de cáncer el miércoles, rodeada de su familia, informó Erik Olvera, portavoz familiar. Durante décadas trabajó para mejorar las condiciones laborales de quienes se desempeñan en los campos agrícolas de Estados Unidos y también defendió los derechos de las mujeres, las minorías y la comunidad LGBTQ+.
La activista mantuvo una agenda pública incluso después de cumplir 90 años. Participó en protestas, acudió a encuentros comunitarios y alentó a las nuevas generaciones a pronunciarse contra la pobreza, el racismo y otras formas de desigualdad.
Una figura del movimiento laboral
Dolores Clara Fernández nació en 1930 en Dawson, Nuevo México. Su padre fue minero y activista sindical, mientras que su madre administró un restaurante y un hotel después de trasladarse con sus hijos a California.
Huerta comenzó su vida profesional como maestra de primaria en el valle de San Joaquín. Según relató en un documental de PBS estrenado en 2017, decidió involucrarse en la organización laboral después de observar que varios de sus alumnos llegaban a clases con hambre y sin ropa o calzado adecuados.
Su trabajo en una organización de derechos civiles en Stockton la llevó a conocer a César Chavez. En 1962, ambos fundaron la National Farm Workers Association, organización que posteriormente se convirtió en United Farm Workers of America.
Huerta fue una de las principales dirigentes y negociadoras del sindicato. Participó junto con recolectores filipinos de uva en la huelga de Delano, una movilización que se prolongó durante cinco años. También intervino en la negociación de contratos y convenios colectivos con grandes productores agrícolas.
Esos acuerdos permitieron establecer planes de salud y otras prestaciones para trabajadores del campo, una población que enfrentaba bajos salarios, condiciones precarias y escasa protección laboral.
“Sí, se puede”, un lema internacional
La frase “Sí, se puede” se convirtió en uno de los principales símbolos de su trayectoria. Para Huerta, el lema representaba la capacidad de las personas organizadas para cambiar sus condiciones de vida y enfrentar las injusticias.
La expresión fue retomada décadas después por movimientos sociales y campañas políticas. Barack Obama la utilizó durante su campaña presidencial de 2008 y, cuatro años más tarde, reconoció públicamente la influencia de Huerta al entregarle la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil de Estados Unidos.
Teresa Romero, presidenta de United Farm Workers, señaló que el trabajo de Huerta fortaleció tanto a los trabajadores agrícolas como a la comunidad latina. Destacó especialmente su esfuerzo por ayudar a las comunidades a enfrentar y superar situaciones de injusticia.
De la organización sindical a los derechos de las mujeres
Huerta también participó activamente en campañas electorales y de registro de votantes. En 1968 colaboró con la campaña presidencial del senador Robert Kennedy y estuvo en el escenario cuando el político agradeció públicamente su trabajo, poco antes de ser atacado en Los Ángeles.
A lo largo de su carrera fue detenida en 22 ocasiones durante manifestaciones sindicales. En 1988 sufrió heridas graves al ser golpeada por un policía durante una protesta en San Francisco: tuvo tres costillas rotas y daños en el bazo, por lo que necesitó transfusiones de sangre.
Después de recuperarse, amplió su labor en favor de los derechos de las mujeres y promovió una mayor participación de las latinas en cargos públicos. También respaldó las campañas presidenciales de Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden.
Su activismo incluyó la defensa del derecho al voto, la denuncia del uso de pesticidas tóxicos y el impulso de apoyos para trabajadores agrícolas desempleados o con alguna discapacidad. Además, participó en boicots nacionales de uvas y lechuga que contribuyeron a la aprobación en California de una ley que reconoció el derecho de los trabajadores del campo a la negociación colectiva.
Huerta deja un legado vinculado con la organización comunitaria, la justicia laboral y los derechos civiles. Su nombre quedó unido a una frase que trascendió los campos agrícolas y se convirtió en un llamado internacional a la acción colectiva: “Sí, se puede”.



