
Los Mochis, Sinaloa.— Los dos policías federales que concretaron la última captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán permanecen en el anonimato por razones de seguridad. Aunque su participación resultó decisiva en el tramo final de la persecución, sus nombres reales no han sido revelados públicamente y la información disponible sobre su vida posterior es limitada.
Después de la detención del entonces líder del Cártel de Sinaloa, uno de los agentes recibió un ascenso y un reconocimiento por su actuación durante la operación. Posteriormente fue enviado a una comisión de seguridad fuera de México. Al concluir esa encomienda, regresó al país acompañado de su esposa y sus tres hijos.
El segundo policía también fue reconocido por su valentía y enviado fuera del territorio nacional junto con su compañero. Sin embargo, no se han difundido mayores detalles sobre su destino posterior, sus nuevas responsabilidades o su situación actual. La reserva en torno a ambos responde a las medidas de protección adoptadas después de la captura.
La persecución por el drenaje de Los Mochis
La intervención de los agentes ocurrió después de que Guzmán Loera y su jefe de seguridad, Jorge Iván Gastélum Ávila, conocido como “El Cholo Iván”, escaparan de una casa de seguridad en Los Mochis durante un operativo encabezado por elementos de la Marina.
Ambos utilizaron el sistema de drenaje para salir del cerco desplegado en la zona. Tras avanzar por los túneles, emergieron por una alcantarilla y robaron un automóvil Ford Focus de color rojo, con el que intentaron abandonar la ciudad.
El vehículo circulaba a exceso de velocidad por la carretera Los Mochis-Navojoa. Esa conducta llamó la atención de elementos de la Policía Federal que patrullaban el área en busca de posibles fugitivos relacionados con el enfrentamiento registrado durante el operativo.
Los agentes marcaron el alto al automóvil y, cuando se acercaron, detectaron que sus ocupantes estaban armados. Los policías les ordenaron descender y fue entonces cuando identificaron a uno de ellos como Joaquín Guzmán Loera, quien meses antes había escapado del penal del Altiplano.
Una intervención decisiva en el último tramo
Los policías federales no fueron quienes localizaron originalmente la casa de seguridad ni quienes siguieron directamente a Guzmán Loera por el drenaje. Su participación comenzó cuando detectaron el automóvil robado durante el patrullaje y procedieron a detenerlo.
La intercepción tuvo un componente circunstancial, pues el exceso de velocidad fue lo que inicialmente atrajo la atención sobre el vehículo. No obstante, los oficiales se encontraban desplegados para localizar a personas que pudieran haber escapado del operativo, por lo que la revisión permitió cerrar la persecución y concretar la captura.
La amenaza de un posible rescate
Una vez que confirmaron la identidad del detenido, los agentes enfrentaron un nuevo riesgo. Guzmán Loera les advirtió que un grupo armado acudiría para rescatarlo. Ante esa amenaza, decidieron trasladarlo junto con “El Cholo Iván” a un motel cercano mientras esperaban la llegada de refuerzos de las fuerzas federales.
Durante el trayecto, el capo intentó convencer a los policías de dejarlo en libertad y les ofreció dinero, pero los agentes rechazaron la propuesta y mantuvieron bajo custodia a los dos detenidos hasta que recibieron apoyo.
La identidad de ambos policías continúa protegida. Incluso las representaciones sobre el operativo difundidas posteriormente han recurrido a nombres ficticios para evitar revelar quiénes fueron los agentes que interceptaron el vehículo y realizaron la detención.
Por ello, lo conocido públicamente sobre su destino se limita a los reconocimientos recibidos, su envío temporal fuera de México y, en el caso de uno de ellos, su regreso al país con su familia. No existe información pública suficiente para precisar las funciones que desempeñan actualmente.



