
AQUILES SERDÁN, Jalisco.— En las comunidades ubicadas frente al océano Pacífico, en el norte del municipio de Cabo Corrientes, algunos habitantes decidieron permanecer en sus viviendas ante la amenaza de Simon, pese a los llamados de las autoridades para trasladarse a refugios temporales.
Para llegar a poblados como Aquiles Serdán, Naranjitos y Los Corrales es necesario recorrer una carretera sinuosa desde Puerto Vallarta y atravesar la sierra. En el trayecto se encuentra un puente colgante sobre el río Tecolotlán, utilizado únicamente por peatones y motocicletas.
De acuerdo con pobladores, anteriormente existía un puente vehicular, pero una crecida del río lo destruyó, presuntamente en 2019. Desde entonces, los automóviles solo pueden cruzar por el cauce cuando el nivel del agua lo permite. La llovizna fina y persistente registrada en la zona comenzaba a incrementar el flujo del río.
Estas localidades eran consideradas vulnerables ante la posibilidad de que Simon tocara tierra en esa parte de Jalisco. Durante los días previos, autoridades de Protección Civil, la Marina y el Ejército trasladaron a residentes hacia zonas consideradas más seguras, incluidos refugios habilitados en El Tuito y Puerto Vallarta.
Sin embargo, hasta la tarde del domingo, en el norte de Cabo Corrientes no se reportaban vientos violentos ni lluvias torrenciales. En ese momento únicamente caía una ligera llovizna, mientras se informaba que el fenómeno comenzaba a perder fuerza y a alejarse de la costa jalisciense.
En Aquiles Serdán, varias casas permanecían cerradas con candados y las calles lucían silenciosas. Aun así, una parte de la población optó por quedarse. Algunas viviendas son de madera, tienen techos de lámina y están rodeadas por huertos o cercas de alambre de púas; otras fueron construidas con concreto.
Los habitantes sostienen que, aunque el pueblo está cerca del río, las crecidas suelen desembocar directamente en el mar sin alcanzar las casas. También aseguran que una franja de arena y un estero funcionan como barrera frente al oleaje. Estas experiencias previas influyeron en la decisión de varias familias de no abandonar la comunidad.
Óscar Noé Flores, de 45 años, explicó que se siente seguro en su vivienda de concreto, aunque tomó la precaución de cubrir las ventanas con tablas. Al ser cuestionado sobre los refugios, respondió que no consideró necesario salir.
“Desde niño ha habido otros más fuertes”, afirmó. También señaló que los avisos oficiales le generan desconfianza y aseguró sentirse “súper seguro” dentro de la localidad.
Briseida Souza, quien vive con sus dos hijas, sí salió inicialmente de la comunidad para resguardarse con familiares en El Tuito, cabecera municipal ubicada entre montañas y alejada de la costa. La mujer relató que tomó la decisión luego de escuchar las advertencias de las autoridades.
No obstante, al observar que no se presentaban vientos fuertes ni precipitaciones intensas, regresó a su vivienda. Explicó que la lluvia era similar en ambos lugares y prefirió permanecer en su propia casa, donde se sentía más cómoda.
Olinto Flores, agricultor de 48 años dedicado a la siembra de maíz y sorgo, también decidió quedarse junto con su esposa y sus padres. Reconoció que elementos del Ejército, Protección Civil y bomberos acudieron para invitar a los residentes a salir, pero dijo que numerosas personas rechazaron el traslado.
Además de considerar segura su casa de cemento, Olinto señaló que una de sus preocupaciones era proteger sus pertenencias ante posibles robos durante la ausencia de las familias. Aseguró que ha vivido toda su vida en esa comunidad y que ha enfrentado otros fenómenos meteorológicos.
“Yo aquí nací y aquí me quedo”, expresó desde la puerta de su vivienda. Mientras las autoridades mantenían las acciones preventivas, en Aquiles Serdán algunos pobladores permanecían atentos a la evolución de Simon, confiados en sus casas y en su experiencia frente a otros ciclones.



