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Bailarines sordos de Burkina Faso crean una técnica para sentir la música

La compañía Fientan emplea vibraciones, tacto y señales visuales para seguir el ritmo; su método Vibra-Signe ya obtuvo reconocimiento en los Juegos Francófonos.

Uagadugú, Burkina Faso.- Un grupo de bailarines sordos y no verbales está transformando vibraciones, contacto físico y gestos corporales en herramientas para seguir el ritmo de la música. Se trata de los integrantes de Fientan, una compañía de danza que emplea la técnica Vibra-Signe para desarrollar sus coreografías y expresarse sobre el escenario.

El método fue creado en Burkina Faso por la coreógrafa y profesora de danza Yaya Sanou, fundadora de la compañía hace aproximadamente una década en Bobo-Dioulasso, la segunda ciudad más grande del país. Su objetivo fue abrir un espacio artístico para personas sordas y con discapacidad auditiva.

Vibra-Signe traduce los elementos de una pieza musical en vibraciones, tacto y señales visuales. Los intérpretes bailan descalzos para sentir la percusión a través del suelo, mientras los toques, las señas, los movimientos y las expresiones faciales comunican el ritmo, las transiciones y la intensidad emocional de cada coreografía.

Una técnica que llegó a escenarios internacionales

El trabajo de Fientan ha ganado reconocimiento dentro y fuera de Burkina Faso. Con Vibra-Signe, la compañía obtuvo una medalla de oro en la categoría de creación de danza durante los Juegos Francófonos de 2023, realizados en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo.

El grupo también presentó su producción más reciente, Adepte de mon être, cuyo título puede traducirse como “Dedicado a mi ser”, en Alemania y Costa de Marfil. Las presentaciones han permitido que los bailarines muestren su trabajo más allá de su país y fortalezcan sus aspiraciones profesionales.

De acuerdo con sus integrantes, el proyecto no solamente mejora sus capacidades artísticas, sino que también favorece la comunicación y las habilidades sociales. El nombre Fientan significa “sin discapacidad” en dioula, una lengua utilizada en la región.

“Este método de enseñanza es una oportunidad para nosotros y también una solución a un problema, que les da a los jóvenes la posibilidad de expresarse y decir lo que quieren decir”, explicó en lengua de señas el bailarín Adama Sanou.

De las calles a un proyecto de inclusión

Yaya Sanou comenzó su trayectoria en las calles de Bobo-Dioulasso, donde combinaba las danzas tradicionales aprendidas en casa con estilos modernos. En ese periodo observó que los estudiantes del Institut des Jeunes Sourds du Faso, una escuela para menores sordos y con otras discapacidades, tenían pocas oportunidades de socializar.

La coreógrafa decidió impartirles clases de baile y desarrolló gradualmente Vibra-Signe conforme más niños, tanto de Bobo-Dioulasso como de otras localidades, comenzaron a sumarse. Dominar el método puede requerir tiempo, debido a que los participantes deben coordinar las vibraciones con movimientos y señales corporales.

La iniciativa se desarrolla en un país donde los recursos destinados a las personas sordas continúan siendo limitados. Aunque no existen datos recientes, el censo de 2019 registró alrededor de 46 mil 500 habitantes de dos años o más con dificultades auditivas significativas o que no podían oír. Burkina Faso tiene una población aproximada de 24 millones de personas.

El país ha implementado programas educativos y medidas para mejorar las condiciones de las personas con discapacidad. Sin embargo, especialistas y defensores de derechos humanos advierten que persiste la falta de docentes, intérpretes de lengua de señas y servicios de apoyo.

A ello se suma que el lenguaje de señas americano enseñado en las escuelas no siempre refleja las lenguas locales utilizadas en los hogares. Algunos niños, además, no tienen la posibilidad de aprender lengua de señas hasta ingresar a la escuela, en ocasiones cerca de los 10 años.

El baile como forma de avanzar

Philo Camara, defensor de los derechos de las personas con discapacidad en Burkina Faso, consideró que Vibra-Signe puede fortalecer la inclusión y adaptarse a otros programas, entre ellos los educativos.

Para los integrantes de Fientan, la danza también representa una posibilidad de construir un futuro profesional. Souleymane Barro, bailarín sordo de 24 años, reconoció las dificultades que enfrenta para progresar, pero aseguró que trabaja para convertirse en profesional y enseñar a bailar a generaciones más jóvenes.

Ouaramata Sanou, de 26 años, recordó que antes se limitaba a observar cómo otras personas realizaban distintas actividades. Su incorporación a Fientan cambió esa experiencia: “Antes, me limitaba a mirar a la gente haciendo cosas, bailando, y yo no hacía nada. Pero ahora bailo y puedo viajar”.

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