
ALTO HOSPICIO, Chile.- Una acumulación estimada en 60 mil toneladas de ropa desechada se extiende sobre terrenos del desierto de Atacama, en los alrededores de esta localidad chilena. La mancha formada por los textiles puede identificarse en imágenes satelitales, aunque esto no significa que cada prenda pueda distinguirse individualmente desde el espacio.
De acuerdo con la información disponible, las prendas recorren miles de kilómetros desde Europa y Estados Unidos antes de llegar a Chile. Parte de esos cargamentos tiene como destino la reventa en el mercado local o en otros países de América Latina, pero las piezas dañadas, de baja calidad o que no encuentran comprador pueden terminar abandonadas en depósitos irregulares.
De la zona franca de Iquique al desierto
El circuito logístico comienza con el ingreso de fardos de ropa de segunda mano por la zona franca de Iquique. En ese punto, la mercancía es clasificada de acuerdo con su estado y sus posibilidades de comercialización. Las prendas que todavía pueden utilizarse son separadas para su venta en Chile o para su distribución hacia otros mercados latinoamericanos.
Sin embargo, el volumen recibido supera con frecuencia la demanda, según el material original. Cuando una prenda carece de comprador o no cumple con las condiciones necesarias para ser revendida, puede convertirse en un residuo local, pese a haber ingresado al país como mercancía. Una parte de estos textiles termina en terrenos áridos cercanos a Alto Hospicio mediante prácticas de desecho consideradas ilegales.
Una mancha identificada mediante satélites
Los depósitos clandestinos cambian constantemente de tamaño debido al ingreso de nuevos cargamentos, el desplazamiento de las prendas y las incineraciones realizadas para liberar espacio. Una imagen satelital de alta resolución captada en enero de 2022 permitió dimensionar la superficie ocupada por la acumulación de textiles en el desierto.
La afirmación de que la ropa puede verse desde el espacio requiere una precisión: lo que aparece en las imágenes es la mancha generada por el depósito, no cada camisa, pantalón o vestido de manera individual. El registro satelital sirve para observar la extensión general del área afectada y seguir sus modificaciones sobre el terreno.
Quemas de ropa afectan la calidad del aire
La acumulación no representa únicamente un problema visual o de ocupación irregular del suelo. Muchas de las prendas están elaboradas con fibras sintéticas que, al ser quemadas, liberan partículas y sustancias contaminantes. El humo producido por las incineraciones puede deteriorar la calidad del aire que respiran los habitantes de Alto Hospicio y de las zonas cercanas.
Las quemas clandestinas también modifican la extensión de los depósitos, pero no resuelven el problema. Mientras continúe la llegada de ropa sin posibilidades reales de reventa, reciclaje o reutilización, los residuos pueden volver a acumularse incluso después de una remoción parcial.
El problema continúa con cada nuevo cargamento
Retirar uno de los depósitos representa solamente una medida temporal si el flujo de textiles permanece sin cambios. La atención de esta crisis requiere, de acuerdo con el planteamiento presentado, mejorar la clasificación de las prendas antes de su exportación y evitar el traslado de piezas que previsiblemente terminarán convertidas en basura.
También resulta necesario establecer un tratamiento adecuado para los desechos que ya se encuentran depositados en el desierto. El caso de Alto Hospicio muestra cómo una operación de comercio internacional puede trasladar el costo ambiental hacia una comunidad receptora cuando la cantidad y calidad de la ropa exceden la capacidad del mercado para reutilizarla.
La estimación de 60 mil toneladas refleja la dimensión alcanzada por el problema, mientras que las imágenes satelitales permiten documentar la huella que estos residuos han dejado en uno de los territorios más áridos del planeta.
Esto no solo ocurre con la alimentación, también con la electrónica o la ropa, en el desierto de Atacama (Chile) miles de toneladas de ropa a estrenar de grandes tiendas son arrojadas por la industria textil occidental.
Aquí es donde acaba la ropa de Occidente, llevan su basura a África, América y Asia mientras mantienen el ciclo consumista al mismo precio, evitan bajar los precios de sus prendas, manteniendo la exclusividad y la escasez artificial.
Solo un ignorante o un perturbado puede defender este sistema criminal capitalista, que prefiere desechar productos para mantener el consumismo antes que repartirlos a millones de pobres descalzos.
— Daniel Mayakovski (@DaniMayakovski) May 5, 2026



