Ciudad Juárez, Chihuahua.- La escalada de violencia en el corredor carretero que conecta a los municipios de Aldama y Ojinaga ha sumido a las poblaciones rurales en un estado de temor constante. Los recientes enfrentamientos entre grupos antagónicos de la delincuencia organizada han alterado por completo la vida cotidiana de los habitantes, quienes denuncian vivir bajo el estruendo de detonaciones de arma de fuego que se prolongan durante las noches, provocando daños incluso en la infraestructura de sus viviendas, como vidrios y puertas rotas debido a la magnitud de los estallidos.
El clima de inseguridad ha tenido un impacto devastador en la economía local. Ante el riesgo inminente de nuevos ataques y el cese de las visitas de personas foráneas, los propietarios de diversos negocios en las comunidades afectadas han tomado la determinación de cerrar sus puertas de manera indefinida hasta que las condiciones de seguridad mejoren. Los pobladores manifiestan que el miedo a salir a las calles o transitar por las carreteras se ha generalizado, lo que ha provocado un aislamiento forzado de las familias, quienes prefieren recluirse en sus hogares al caer el sol para salvaguardar su integridad.
Ante esta situación crítica, las autoridades han reforzado la vigilancia en la zona mediante el uso de recursos tácticos como el helicóptero de la corporación estatal, realizando vuelos de reconocimiento y patrullajes terrestres en un intento por disuadir la presencia de civiles armados. A pesar del despliegue oficial, los vecinos insisten en que la tensión sigue siendo alta y exigen una estrategia de pacificación permanente que les devuelva la tranquilidad y permita la reactivación de sus comercios y actividades diarias en este corredor estratégico del estado.
