Milano-Cortina, Italia. – La esquiadora mexicana Sarah Schleper escribió este 2026 una página de oro en la historia del olimpismo, al convertirse en la primera atleta en competir en siete ediciones de los Juegos Olímpicos de Invierno. Con 46 años de edad, la veterana deportista participó en la prueba de Super-G en Milano-Cortina, donde cronometró 1:31.37 minutos, colocándose en la posición 26, su mejor resultado desde que representa a México.
Schleper inició su trayectoria olímpica en Nagano 1998, compitiendo entonces por Estados Unidos. Continuó en Salt Lake City 2002, Torino 2006 y Vancouver 2010. Posteriormente, tras contraer matrimonio con el entrenador mexicano Federico Gaxiola, obtuvo la nacionalidad mexicana y comenzó a representar al país en Sochi 2014, PyeongChang 2018, Beijing 2022 y ahora en Milano-Cortina 2026.
Su desempeño en Italia no solo le valió una marca personal destacada, sino que también significó el mejor resultado en la historia del esquí alpino mexicano. Hasta ahora, ninguna esquiadora nacional había logrado un lugar tan alto en esta disciplina. Su anterior mejor marca había sido el puesto 35 en Beijing 2022.

Más allá de los números, Schleper se ha convertido en símbolo de perseverancia y pasión deportiva. En una competencia exigente, marcada por descalificaciones y condiciones adversas, la mexicana mostró su temple, experiencia y disciplina, completando el recorrido con solvencia y enviando un claro mensaje: la edad no es un límite cuando existe convicción y amor por el deporte.
La hazaña tiene también un profundo valor simbólico para el olimpismo mundial, ya que Schleper es ahora la primera mujer en la historia del esquí alpino en alcanzar siete participaciones olímpicas, colocándose en un lugar privilegiado dentro del legado del deporte blanco.
Y la historia no se queda ahí. En esta misma edición de Milano-Cortina 2026, Sarah compite al lado de su hijo, Lasse Gaxiola, de 18 años, quien debutó como parte de la delegación mexicana. Madre e hijo se convierten en la primera dupla familiar en participar juntos en unos Juegos Olímpicos de Invierno, marcando un precedente único en el deporte internacional.
La presencia de ambos refuerza el simbolismo de esta participación: una historia de herencia, identidad y esfuerzo que trasciende lo competitivo, enalteciendo los valores del olimpismo y el poder de la familia como motor de inspiración.



