Apagones prolongados transforman la vida en Cuba: familias recurren a carbón y energía solar
La escasez de electricidad y combustible en Cuba ha obligado a miles de familias, principalmente en La Habana y otras ciudades, a modificar su vida cotidiana ante cortes de energía que pueden extenderse hasta por 12 horas diarias.
En distintas zonas periféricas, la venta de carbón vegetal y braseros artesanales elaborados con piezas recicladas se ha disparado. Lo que antes era utilizado mayormente por restaurantes ahora es adquirido por hogares completos que buscan una alternativa para cocinar durante los apagones.
El precio de un saco de carbón ronda los 2 mil 600 pesos cubanos, equivalente a casi la mitad del salario mensual promedio, pero para muchas familias representa la única opción accesible ante la imposibilidad de adquirir plantas eléctricas o sistemas de respaldo más costosos.
Paralelamente, las motos eléctricas han ganado popularidad como medio de transporte ante la falta de gasolina. Aunque requieren recarga eléctrica, permiten cierta movilidad en medio de la crisis. Quienes cuentan con mayores recursos han optado por instalar paneles solares, una alternativa que ha crecido desde 2024 tras flexibilizarse las importaciones relacionadas con energías renovables.
Instaladores privados reportan un incremento considerable en la demanda de sistemas solares, considerados por muchos como la única forma de mantener funcionando refrigeradores, iluminación básica o equipos médicos esenciales.
La problemática energética está vinculada al deterioro económico del país. En 2025, la economía cubana registró una contracción cercana al 5%, según estimaciones académicas, en un contexto de inflación, escasez de alimentos y limitaciones en el suministro de combustible. A ello se suma el impacto del embargo estadounidense y la disminución del apoyo petrolero proveniente de Venezuela.
Actualmente, la isla logra cubrir apenas una parte de sus necesidades eléctricas, lo que se traduce en apagones frecuentes y una presión constante sobre la población. Para muchos ciudadanos, la situación revive el recuerdo del “período especial” de los años noventa, cuando una crisis similar marcó profundamente al país.
Ante este panorama, las soluciones improvisadas se han convertido en parte del día a día. Entre sacos de carbón, motocicletas eléctricas y techos equipados con paneles solares, la población intenta adaptarse mientras persiste la incertidumbre sobre la recuperación del suministro eléctrico estable.


