Las recientes denuncias en contra de Julio Iglesias han vuelto a poner al reconocido cantante español en el centro del debate mediático. Más allá de los señalamientos formales que enfrentan investigación, también han resurgido materiales de archivo que hoy se interpretan bajo una nueva luz. Uno de ellos involucra a la conductora argentina Susana Giménez, cuya reacción ha generado atención en la opinión pública.
En medio de las investigaciones y la controversia pública, el programa argentino Intrusos abordó a Susana Giménez para conocer su postura tras la viralización del video. “No, jamás”, respondió de forma contundente cuando se le preguntó si se sentía aludida por las denuncias.
El reportero insistió al señalar el fragmento donde Iglesias la besa varias veces en la boca durante una entrevista. Giménez restó importancia al hecho, afirmando que son amigos desde hace 50 años y que ese gesto fue parte de su trato personal:
“Jamás hablaré mal de Julio Iglesias, es mi amigo, lo amo, lo admiro. Es un caballero.”
Al ser cuestionada sobre la posibilidad de que las denuncias fueran falsas, la conductora no quiso profundizar, pero fue clara en su percepción:
“No me meto, pero no. Por favor. Julio es un señor.”

También compartió una anécdota con Miranda, la esposa del cantante, para ilustrar que esas muestras de afecto eran frecuentes en su trato:
“Le dije: ‘Miranda, este me da besos todo el tiempo, ¿vos sabes?’ Me dijo: ‘Ya sabes cómo es Julio’.”
Por último, aclaró que no ha hablado con el artista tras conocerse la polémica:
“Hoy me enteré, pero estuve filmando todo el día.”
Un debate que sigue abierto
Las declaraciones de Susana Giménez reflejan una visión íntima y personal, basada en una relación de amistad de larga data. Sin embargo, también han sido interpretadas por algunos sectores como parte de una cultura de normalización que hoy está siendo cuestionada.
Mientras las denuncias formales avanzan en su proceso legal, la figura de Julio Iglesias se debate entre el respaldo de amistades cercanas y la revisión crítica de conductas que durante años pasaron inadvertidas. El caso plantea nuevamente una pregunta que se ha vuelto central en la sociedad actual: ¿hasta qué punto se deben reexaminar comportamientos del pasado bajo los estándares del presente?
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