Ciudad de México, México.— La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró su rechazo a cualquier tipo de intervención extranjera en América Latina, particularmente ante el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela, y subrayó que acciones unilaterales de ese tipo no contribuirían a reducir la violencia ni a fortalecer la seguridad en México.
Durante su conferencia matutina del 6 de enero de 2026, la mandataria enfatizó que la postura del gobierno mexicano es clara y constante: defensa de la soberanía nacional y rechazo al injerencismo. Señaló que esta posición ha sido comunicada de manera directa al gobierno estadounidense y que cualquier cooperación debe basarse en el respeto mutuo.
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Sheinbaum sostuvo que una intervención extranjera no solo representa una violación a la soberanía, sino que además ha demostrado ser ineficaz para combatir la violencia. Recordó que en el pasado se permitió la participación directa de agentes estadounidenses en operativos de seguridad en México, sin que ello arrojara resultados positivos en la disminución del crimen organizado.
Al exponer la estrategia de seguridad de su administración, explicó que se apoya en dos ejes fundamentales: prevenir que los jóvenes sean reclutados por grupos delictivos y garantizar cero impunidad. En ese sentido, afirmó que el Estado debe ofrecer alternativas de vida dignas, derechos y oportunidades, ya que la delincuencia organizada no representa un futuro viable, sino un camino de muerte.
Asimismo, recalcó que la colaboración con Estados Unidos es posible únicamente bajo esquemas de coordinación y cooperación, nunca desde una relación de subordinación. Al referirse a experiencias previas, recordó el caso del exsecretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, quien fue posteriormente condenado por vínculos con el crimen organizado, como ejemplo de las consecuencias de estrategias fallidas.
Finalmente, la presidenta advirtió que los episodios del pasado no deben repetirse y que México seguirá apostando por la cooperación internacional, el multilateralismo y la democracia como vías para atender los desafíos de seguridad, sin recurrir a intervenciones que pongan en riesgo la estabilidad regional.



