Ciudad de México, México.– La temporada de frío en México está por llegar a su fin y el aumento de temperaturas ya comienza a sentirse en distintas regiones del país, de acuerdo con información del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Aunque aún pueden presentarse frentes fríos aislados, el invierno se considera prácticamente concluido hacia finales de febrero.
El SMN indicó que los últimos frentes fríos del año suelen registrarse hasta mayo; sin embargo, los que ocurren en marzo, abril y mayo ya coinciden con la temporada de calor, por lo que su impacto es menor y de corta duración. A diferencia de los frentes invernales entre noviembre y febrero, que suelen provocar nevadas, tormentas invernales y descensos marcados de temperatura, los de primavera generan cambios moderados.
La transición hacia la temporada de calor inicia con la llegada de marzo. En 2026, la primavera comenzará oficialmente el viernes 20 de marzo a las 10:46 horas, marcando el cambio de estación en el hemisferio norte. De manera formal, la temporada de calor se extiende desde la tercera semana de marzo hasta la tercera semana de octubre, aunque el incremento térmico suele percibirse desde finales de febrero e inicios de marzo, especialmente en varias zonas del país.
Autoridades meteorológicas advirtieron que durante este periodo se incrementan los casos de agotamiento y golpe de calor, deshidratación, quemaduras solares y enfermedades diarreicas, por lo que se recomienda tomar medidas preventivas y mantenerse informado ante los cambios de temperatura.
En los últimos años, el aumento del calor ha sido una tendencia sostenida. El SMN señaló que los diez años más cálidos en 175 años de registros se concentraron entre 2015 y 2024. A nivel global, la NOAA ubicó a 2024 como el año más caluroso desde 1850, mientras que la Organización Meteorológica Mundial reportó que la temperatura media global superó en 1.55 grados centígrados los niveles preindustriales.
Para México, este contexto se traduce en olas de calor más frecuentes, intensas y prolongadas, con efectos en la salud, el abasto de agua, el consumo eléctrico y la producción agrícola. Aunque los datos de 2025 aún no se publican, organismos internacionales anticipan que la tendencia continuará en 2026, reforzando la necesidad de prevención y adaptación ante un clima cada vez más extremo.







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