Niigata, Japón.– Japón dio un paso relevante en su política energética al reactivar la central nuclear Kashiwazaki-Kariwa, considerada la más grande del mundo por capacidad instalada. La decisión marca un punto de inflexión tras años de parálisis posteriores al desastre de Fukushima en 2011.
La reanudación se realizó de manera gradual, con la activación inicial de uno de los siete reactores que conforman la planta. El operador Tokyo Electric Power (TEPCO) explicó que el proceso se ejecutó bajo estrictos protocolos técnicos y con una supervisión regulatoria reforzada.
Pese al anuncio oficial, el regreso de Kashiwazaki-Kariwa ocurre en un contexto de fuerte división social. Sectores de la población local mantienen dudas persistentes sobre la seguridad y los posibles impactos de un eventual accidente nuclear.
La central fue detenida tras el colapso del sistema nuclear japonés en 2011. Desde entonces, Japón ha enfrentado altos costos por la importación de combustibles fósiles y una presión creciente por reducir emisiones contaminantes. Autoridades consideran que Kashiwazaki-Kariwa es clave para estabilizar el suministro eléctrico, ya que puede abastecer a millones de hogares y es un activo estratégico para una economía altamente dependiente de energía constante.
Sin embargo, el aval del gobierno prefectural no disipó las tensiones. Encuestas oficiales reflejan que una mayoría de residentes cercanos a la planta se mantiene en contra del reinicio, al considerar que los riesgos superan los beneficios económicos.
Las protestas frente a Kashiwazaki-Kariwa se intensificaron en los días previos a la reactivación. Decenas de personas se manifestaron bajo temperaturas extremas, reclamando que la carga del riesgo recae únicamente en las comunidades locales.
Habitantes de la región cuestionan que la electricidad generada en Kashiwazaki-Kariwa abastezca principalmente a Tokio, mientras la población de Niigata asume las consecuencias potenciales de un fallo nuclear o de un desastre natural.
El recuerdo de Fukushima sigue presente en el imaginario colectivo. Para muchos, la reactivación de una central de esta magnitud reabre heridas y revive temores sobre evacuaciones, contaminación y pérdida de medios de vida.
TEPCO sostiene que la planta cumple ahora con estándares de seguridad más estrictos que antes de 2011, con barreras adicionales contra tsunamis, fallas eléctricas y eventos sísmicos.
El gobierno central defiende que la energía nuclear es necesaria para cumplir metas climáticas y reducir la dependencia energética externa. En ese esquema, Kashiwazaki-Kariwa aparece como una pieza central de la estrategia nacional.
Aun así, el debate continúa abierto. La reactivación de la central no solo es un asunto técnico, sino también político y social, que anticipa nuevas discusiones sobre el papel de la energía nuclear en el Japón del futuro.



