Ciudad de México.– A un año del regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la relación económica con México ha estado marcada por una creciente incertidumbre. Diversas decisiones del mandatario estadounidense han generado preocupación tanto en los mercados internacionales como en el Gobierno mexicano.
El punto más crítico ha sido el regreso de una política arancelaria agresiva. Desde marzo de 2025, Trump defendió públicamente el uso de aranceles como herramienta de presión, asegurando que países como México y Canadá se habían beneficiado de prácticas comerciales injustas durante décadas. A raíz de ello, se impusieron medidas que, aunque no fueron dirigidas exclusivamente a México, afectaron sectores clave como el acero y el aluminio.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum aclaró que los aranceles aplicaban a nivel global, no de forma bilateral, pero el temor a una crisis económica no desapareció. Especialistas advirtieron caídas severas en el PIB; sin embargo, el impacto fue moderado. De acuerdo con análisis académicos, el crecimiento de México en 2025 se ubicó entre 0.3 y 0.4%.
“No estamos ante un escenario de catástrofes que se advertía…”, señaló Samuel Ortiz Velásquez, académico de la Facultad de Economía de la UNAM.
Otro elemento polémico fue el intento de imponer impuestos a las remesas. Aunque inicialmente se temió un fuerte impacto para las familias mexicanas, la versión final del gravamen solo aplicó un 1% para envíos en efectivo, mientras que más del 90% de las transferencias —realizadas electrónicamente— quedaron exentas.
También se presentó una crisis en el sector agropecuario con la suspensión de importaciones de ganado mexicano debido al gusano barrenador. La medida provocó la cancelación de más de 65 mil exportaciones de cabezas de ganado, con pérdidas estimadas en 78 millones de dólares.
“Eso es lo que más les preocupa a los exportadores…”, apuntó Juan Carlos Anaya, director del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.
Como respuesta, el Gobierno mexicano activó el llamado “Plan México”, una estrategia que incluyó aranceles a productos asiáticos —especialmente de origen chino— y políticas para estimular la Inversión Extranjera Directa (IED). Esta estrategia coincidió con cifras históricas en captación de IED, que superaron los 40 mil millones de dólares en los primeros tres trimestres de 2025.
“El proteccionismo económico y el Plan México contribuyeron a impulsar la inversión extranjera y las exportaciones”, destacó nuevamente Ortiz Velásquez.
El medio estadounidense The Wall Street Journal llegó a calificar a México como el “ganador inesperado” de la guerra arancelaria, ante su capacidad de adaptarse al nuevo entorno comercial. Además, analistas coinciden en que los aranceles mexicanos han sido estratégicos rumbo a una posible renegociación del T-MEC.
A esta serie de tensiones se suma un nuevo foco de conflicto: los envíos de petróleo mexicano a Cuba, señalados por congresistas republicanos como una preocupación en las relaciones bilaterales.
“Actualmente, México exporta más petróleo al régimen comunista cubano que Venezuela…”, denunció el congresista Carlos A. Gimenez, advirtiendo que este factor podría influir en futuras negociaciones.
Finalmente, Trump ha reiterado su intención de modificar o incluso desechar el T-MEC, así como de enviar tropas estadounidenses a territorio mexicano para combatir a los cárteles, lo que ha generado nuevas alertas diplomáticas.
La evolución de estos temas y su impacto en el acuerdo comercial serán abordados en la siguiente entrega.



