En la frontera venezolana persiste la incertidumbre tras la salida de Maduro
Cúcuta, Colombia. A casi dos semanas de la caída de Nicolás Maduro y del reacomodo político en Venezuela, la vida en la frontera con Colombia transcurre entre dudas, expectativas y un marcado escepticismo. En el Puente Internacional Simón Bolívar, principal cruce terrestre entre ambos países, comerciantes, migrantes y trabajadores continúan su rutina diaria sin tener claridad sobre el rumbo que tomará el país vecino.
Aunque muchos temían el cierre de los pasos fronterizos tras el cambio de poder, el flujo de personas y mercancías no se ha detenido. Sin embargo, el ambiente está cargado de incertidumbre. Vendedores ambulantes, barberos improvisados y pequeños comerciantes coinciden en que el mayor temor no es el presente, sino lo que pueda venir en los próximos meses, en medio de un proceso político aún difuso.
Para quienes dependen del intercambio fronterizo, la estabilidad económica sigue siendo la principal preocupación. Mientras algunos productos básicos resultan ligeramente más baratos del lado venezolano, la volatilidad de los precios y la inflación mantienen a muchas familias del lado colombiano, donde perciben mayor certidumbre, aunque el costo de los servicios sea más alto.
La presencia militar en la zona se ha reducido y el día a día continúa marcado por la informalidad, el comercio mínimo y la supervivencia. Para muchos venezolanos que emigraron, el deseo de regresar sigue latente, pero condicionado a una mejora real en las condiciones de vida y a señales claras de estabilidad.
Entre la caída del antiguo liderazgo, las promesas de transición y la liberación paulatina de presos políticos, la frontera refleja un sentir común: Maduro quedó atrás, pero el futuro aún es una incógnita. La pregunta que se repite entre quienes cruzan a diario es simple y directa: ¿realmente mejorará la situación o todo seguirá igual?



