Trump endurece política migratoria y lleva los cruces irregulares a mínimos históricos
Washington, Estados Unidos. A casi un año de su regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha cerrado de forma contundente el acceso a la inmigración, tanto regular como irregular, mediante una ofensiva sin precedentes basada en decretos, operativos y reformas institucionales.
Desde su retorno al poder, el mandatario ha firmado decenas de órdenes ejecutivas enfocadas en migración, rediseñando a gran velocidad la política migratoria del país. Estas medidas han sido respaldadas por un Congreso y una Suprema Corte afines a su agenda, lo que ha permitido ampliar presupuestos, endurecer leyes y fortalecer la estructura de detención y deportación.
Uno de los principales efectos ha sido la caída de los cruces no autorizados en la frontera con México, que se encuentran en sus niveles más bajos desde la década de 1970. Este desplome permitió al gobierno concentrar su estrategia en la localización y expulsión de personas que ya residían en territorio estadounidense sin estatus legal.
Las detenciones diarias por parte de autoridades migratorias se han incrementado de forma drástica, al igual que las deportaciones, mientras cientos de miles de visas han sido revocadas. A la par, el gobierno ha promovido programas de salida voluntaria y ha eliminado protecciones migratorias otorgadas en administraciones anteriores, afectando a millones de personas.
El despliegue de fuerzas federales y militares en grandes ciudades, la ampliación de facultades para realizar redadas en espacios sensibles y el uso de bases de datos gubernamentales para rastrear a migrantes forman parte del nuevo enfoque, centrado en alcanzar una meta ambiciosa de expulsiones anuales.
Analistas advierten que estas políticas ya están teniendo efectos económicos y demográficos, pues por primera vez en décadas Estados Unidos registró una migración neta negativa, una tendencia que podría impactar el empleo, el crecimiento económico y el consumo en los próximos años.



