El músico británico Roger Waters, exlíder de la banda Pink Floyd y conocido por su activismo político, se pronunció públicamente contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, calificando la operación como un acto de “matonería imperialista” y una agresión contra la soberanía de Venezuela.
A través de mensajes difundidos en redes sociales el 3 de enero de 2026, Waters condenó la intervención de Estados Unidos y expresó su respaldo al pueblo venezolano. En su posicionamiento, sostuvo que la detención de Maduro no responde a un interés por la justicia, sino a una estrategia de control geopolítico y económico, particularmente sobre los recursos energéticos del país sudamericano.
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El artista afirmó que la acción militar representa una agresión que ha generado rechazo a nivel internacional y señaló que, desde su perspectiva, una amplia mayoría de la población mundial desaprueba este tipo de intervenciones. En un tono crítico, Waters pidió a Trump “madurar” y dejar de comportarse de manera irresponsable en un escenario que, dijo, tiene consecuencias globales.
Aunque aclaró que no es una persona religiosa, el músico señaló que hará todo lo que esté a su alcance para apoyar a Venezuela, a la que describió como una nación que atraviesa una profunda crisis agravada por la injerencia extranjera. Sus declaraciones también incluyeron críticas al papel histórico de Estados Unidos en conflictos internacionales y a lo que considera una política exterior basada en la imposición.
Las reacciones de Waters se suman a un largo historial de pronunciamientos políticos del artista, quien desde hace décadas ha utilizado su plataforma para cuestionar intervenciones militares, denunciar abusos de poder y defender el principio de autodeterminación de los pueblos. En el pasado, ha criticado acciones de Estados Unidos en Medio Oriente y ha participado activamente en causas relacionadas con Palestina y otros conflictos internacionales.
La captura de Nicolás Maduro ha intensificado el debate global sobre la legalidad y las implicaciones políticas de la intervención estadounidense en Venezuela. Mientras algunos sectores consideran el hecho como el fin de un régimen señalado por corrupción y violaciones a derechos humanos, otros lo interpretan como una violación a la soberanía nacional y un precedente peligroso en las relaciones internacionales.
En medio de este escenario, las opiniones de figuras públicas como Roger Waters han amplificado la discusión en redes sociales y foros internacionales, donde se confrontan posturas sobre el futuro político de Venezuela, el papel de Estados Unidos en la región y los límites del uso de la fuerza en la arena global.



