La difícil realidad de gobernar EEUU

WASHINGTON, ESTADOS UNIDOS.- Donald Trump, cumple dos meses como presidente de Estados Unidos. Y en este lapso, se ha dado cuenta de lo complejo que es gobernar una nación en la cual necesita lidiar con el Congreso y enfrentarse a un estricto sistema judicial.

Desde que tomara posesión el pasado 20 de enero, Trump ha gobernado a base de órdenes ejecutivas, cerca de una veintena de acciones con las que ha hecho uso de su poder presidencial, pero algunas de las más controvertidas han tropezado con los tribunales. Expertos dicen que era lógico este comportamiento inicial, porque el magnate, a toda costa debía respaldar las promesas de campaña que le llevaron a la Casa Blanca.

Sin embargo, como se dice “del dicho al hecho” pueden pasar muchas cosas. Por ejemplo, su muro fronterizo, no resultará tan fácil de llevar a cabo, procesos de expropiación y falta de fodos, amenazan con afectarlo.

Por otro lado, su veto migratorio, contra seis naciones de mayoría musulmana así como refugiados, ha vuelto a ser bloqueado por dos jueces federales, debido a que rompe claramente con el respeto a la libertad religiosa protegido por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense.

También pese a su “obsesión”, Trump ha encontrado problemas para derogar y reemplazar la ley sanitaria impulsada por el expresidente Barack Obama. Desde que entrara en vigor la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA, en inglés), conocida como Obamacare, allá en 2010, los republicanos hicieron de ella su principal objetivo a batir y, pese a estar de acuerdo en querer retirarla, no son capaces de encontrar un lugar común para sustituirla.

La ley de salud de Obama ha logrado ofrecer cobertura sanitaria a más de 20 millones de personas que antes no la tenían, además de prohibir a las aseguradoras que pudieran negar acceso sanitario a personas que hubieran sufrido enfermedades en el pasado.

Asimismo, Obamacare estableció una expansión de los programas de ayuda a las personas con bajos recursos, una medida que ayudó a millones de ciudadanos que no podían permitirse un seguro médico a lo largo y ancho de todo el país.

La ley que propone el liderazgo republicano y que es apoyada por la Casa Blanca de Trump pretende mantener algunos de los elementos de Obamacare, como el asunto de las enfermedades preexistentes, pero quiere acabar con la expansión del programa para los más pobres, a lo que se oponen los conservadores más moderados cuyos estados se han visto beneficiados por esta medida.

La división interna entre los republicanos, a la que se suma la oposición demócrata, y el irreductible respeto de las instancias judiciales y sociales por la Constitución estadounidense no le pondrán las cosas tan fáciles al nuevo presidente, por mucho que quiera cambiar las reglas del juego.

con información de EFE